Eugene Shoemaker, legendario geólogo planetario, ostenta la singular distinción de ser el único ser humano cuyos restos descansan en la Luna.

En 1998, Celestis, una empresa de enterramientos espaciales, lanzó 28 gramos de las cenizas de Shoemaker en el Lunar Prospector de la NASA, encapsuladas con un pasaje de Romeo y Julieta, de Shakespeare.
Shoemaker, conocido por sus contribuciones a la geología lunar, los cráteres de impacto y el descubrimiento del cometa Shoemaker-Levy, había expresado toda su vida el deseo de estudiar la Luna de primera mano.
Tras su muerte en 1994, Carolyn C. Porco, colega y alumna de Shoemaker, se dirigió a la NASA para hacer realidad su sueño.
La agencia espacial lo aprobó, y las cenizas de Shoemaker fueron enterradas en la superficie lunar, convirtiéndole en la única persona enterrada en la Luna.